antes del viaje

Intentabas volver a tu casa y la cuidad se proponía hacer ese regreso lo mas largo que pudiera; como si quisiera mantenerte ahí por alguna razón que no ibas a saber. El día había sido uno de esos aturdidamente largos en lo que sólo esperás llegar y encontrarte con tu espacio, con tu encierro del que renegás pero que ésta vez necesitabas tanto; ésta vez ese encierro era esperado, era un encierro por elección y del que querías disfrutar.
El ambiente ensordecedor de colectivos llenos que no paran; colas interminables, gritos de todos contra todos en oficinas, gente apurada, gente enojada, gente nerviosa.
Subir al taxi fue la mejor sensación que podía sentir. Le dí la dirección y me recosté hacia atrás dejando mi cabeza apoyada en el respaldo del asiento.