Yo no seco el cepillo de dientes. Ahora que me doy cuenta, el cepillo puede funcionar también para medir cortos lapsos de tiempo. La turquesas cerdas del medio se ven tan blancas. Cuando lo saque del blister deben haber estado tan brillantes y nuevas. La goma antideslizante color verde (lo cual no es cierto, porque se resbala igual que cualquier cepillo ordinario) sigue tan prolijamente adherida al mango como el primer día, aunque ahora viven en ella algunos hongos de la humedad supongo. Yo no seco el cepillo de dientes.
Me lavé cada diente meticulasamente. Tenía los auriculares. Los ojos cerrados. Cepillaba cada diente con tanta dedicación. La verdad es que tenía una cuenta pendiente con ellos. Últimamente el cepillado se había reducido a un mero lavado de cara. Para cumplir conmigo pero sobre todo por ellos, antes de dormir. Así que esta vez hasta lo disfruté. Como nunca. Irrepetible. Tan refrescante. Se sentía realmente limpio. Una sonrisa blanquísima de publicidad; hasta brotó una esposa feliz e hijos felices también con blanquísimas sonrisas de publicidad y todos eran comercialmente felices. Después de eso me prendí un cigarro y me serví un vaso de coca. Agarré el túnel, estaba en la página 38.

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