Se respira cierta paz esta noche. Estaba fresca, silenciosa, nublada. Él la estaba esperando. Ella pasó por él. Caminarían hasta el bar.
Se sentaron en una de las mesas de afuera. Pidieron a la moza. Una cerveza. ¿Maní, les traigo? Dijeron que si. La moza deja el platito olvida el platito de maní en la barra.
Se respira cierta paz esta noche, dijo él (pensando que con eso era Cacho Castaña)
Fresca... silenciosa, dijo ella. Flaca nos traes otra. La moza olvidaría el maní una vez mas. Y ellos una vez mas le recordarían. Fue en vano. La pasarían bien. Desearían y se desearían.
Y Tomás, qué?... Voy?, pensó. Mejor no; iría. No fue. No esa noche fresca. No. Salió a la calle. Cruzo muchas, camino muchas. Se arrepentiría. Volvió a casa. Se sintió encerrada. Prendió la tele. “River: Sigue el conventillo” – Cualquier cosa menos Crónica - pensó concluyente. Vería la tele hasta quedarse dormida.
La tercera cerveza quedaría a la mitad. Los ceniceros llenos y las etiquetas vacías. Che, Mía, vamos? Sonaría un celular. Mía atendió.
Estoy en la puerta de tu casa, donde andás?... No, todo bien. Estaba cerca y pasé a verte... ¿Mañana?... bueno, puede ser, creo que no tengo mucho... Nos encontramos en algún lado si querés... Dale... Chau, un beso. Ahora si vamos, dijo Mía. Entrarían a su casa. Se besarían si se animasen. Quizás se quedaría.
-Se respira cierta paz esta noche, Pensó Ernesto mientras Mía lo abrazaba y se dormía. Ernesto olería su pelo. La besaría de nuevo.
La despertó una sirena. El Crónica daba amarillas noticias de hechiceros titulares albirojos. Está fresco... silencioso, piensa. Él debe estar despierto todavía. No es tan tarde. Marcaría; Tres o cuatros tonos. Hola? Mía. Qué hacés?.. Dale, venite. No, que va ser tarde... Nos tomamos una cerveza aca abajo... Te espero. Te acordás el número, no? B. Hola... Abre? ahí bajo Mía.
Se sentaron en una de las mesas de afuera. Pidieron a la moza. Una cerveza. ¿Maní, les traigo? Dijeron que si. La moza deja el platito olvida el platito de maní en la barra.
Se respira cierta paz esta noche, dijo él (pensando que con eso era Cacho Castaña)
Fresca... silenciosa, dijo ella. Flaca nos traes otra. La moza olvidaría el maní una vez mas. Y ellos una vez mas le recordarían. Fue en vano. La pasarían bien. Desearían y se desearían.
Y Tomás, qué?... Voy?, pensó. Mejor no; iría. No fue. No esa noche fresca. No. Salió a la calle. Cruzo muchas, camino muchas. Se arrepentiría. Volvió a casa. Se sintió encerrada. Prendió la tele. “River: Sigue el conventillo” – Cualquier cosa menos Crónica - pensó concluyente. Vería la tele hasta quedarse dormida.
La tercera cerveza quedaría a la mitad. Los ceniceros llenos y las etiquetas vacías. Che, Mía, vamos? Sonaría un celular. Mía atendió.
Estoy en la puerta de tu casa, donde andás?... No, todo bien. Estaba cerca y pasé a verte... ¿Mañana?... bueno, puede ser, creo que no tengo mucho... Nos encontramos en algún lado si querés... Dale... Chau, un beso. Ahora si vamos, dijo Mía. Entrarían a su casa. Se besarían si se animasen. Quizás se quedaría.
-Se respira cierta paz esta noche, Pensó Ernesto mientras Mía lo abrazaba y se dormía. Ernesto olería su pelo. La besaría de nuevo.
La despertó una sirena. El Crónica daba amarillas noticias de hechiceros titulares albirojos. Está fresco... silencioso, piensa. Él debe estar despierto todavía. No es tan tarde. Marcaría; Tres o cuatros tonos. Hola? Mía. Qué hacés?.. Dale, venite. No, que va ser tarde... Nos tomamos una cerveza aca abajo... Te espero. Te acordás el número, no? B. Hola... Abre? ahí bajo Mía.

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