Tomás lo conoció en alguna plaza. Un banco que por alguna razón se encontraba estratégicamente ubicado. -Estratégicamente? Para ver qué? Preguntó Mía, buscando el encendedor olvidado al fondo de la pequeña cartera de pelo rosa que llevaba a todas partes.
-Nunca lo supe. En realidad alguna vez intentó explicarme sin mayor éxito. Lo perdí en la cuarta quinta palabra, le respondió Ernesto mientras sacudía en el aire el tercer sobrecito de azúcar que iba a echar en el café. La imagen de la pequeña cartera de pelo y la mano de Mía dentro de ella revolviendo todo el interior, se dejaba ver como si la mano, estuviese en realidad siendo devorada por la pequeña cartera de pelo rosa.
-Ya le puse tres y todavía esta fuerte djio después.


Tomás lo veía acercarse. Camisa hawaiana. Viene para acá? Pantalón militar cortado. Si, viene para acá. Botas de goma?
-Te sentaste en mi banco man. Pero todo bien. Florián soy, hola. Fuego tendrás?
-Tomás. Si, si tengo. Va llover?
-Cómo? Dijo Florián.
-Las botas... tenés botas de lluvia.
-Me fui a comprar zapatillas, y ningún modelo de ninguna de las marcas capitalistas y mas reconocidas del mercado que pelean por ser los mejores del universo haciendo zapatillas para jugar al fútbol... AL Fútbol! Te das cuenta? No me gustaban. Muy grandes, demasiados colores y demasiados accesorios que nunca voy saber para que sirven. Me compré las botas... mucha onda.
Tomás prende un cigarrillo y le pasa el encendedor a Florián.
-Tomás me dijiste que te llamabas, no? Convidame un cigarro por favor.
-Ha! Tampoco tenía cigarrillos, dijo Mía. Un caradura.
-A mi me hizo la misma cuando Tomás me lo presentó, dijo Ernesto.
HA! Tampoco tenés cigarrillos.
-En realidad si, pero me diste ganas de fumar un negro, le respondió Florián.
Era verborrágico. Agitado. Lleno de convicciones. De muchos adjetivos y sinónimos. Saturado de palabras.
-La ambición... la codicia. Todo eso te consume man. Te nubla. No te deja respirar.

Le gustaba hablar. Aunque nada de lo que dijera tuviera siempre algún sentido.
-El éxodo, el exilio, la experiencia, la excelencia, la exhalación, la excitación, la experimentación y la exulceración; la exhibición.
Le gustaban las palabras. Quería conocerlas todas. Decirlas todas.
- Tantas preguntas, tantas situaciones, tantas posesiones, tantas vibraciones. Cuánto queda en tu cuasi-cerebro, en tu pseudo-cuerpo, tu psico-sistema?
Hablaba de todo al mismo tiempo.
-La manifestación, la aglomeración, una canción. El bombardeo, el bastardeo, la bohemia y la bazofia que atrofia y desfigura, desentierra, deshilacha y machaca. Cuánto mas hay? Todo lo que creíste conocer ya no existe como tal. Todo lo que creíste aprender alguna vez, ya no existe como tal, todo lo que pensaste, soñaste, dormiste, comiste, oliste, tocaste. Todo el placer que sentiste, Tomás, todo el amor que experimentaste y la muerte, a la que tanto temiste, ya no existe como tal.
Por momentos se hacia complicado seguirlo. Empezaba un tema. Empezaba otro. Seguía con el primero. Empezaba uno nuevo.
-La macana, la batata, la pera y la papa; la pepa. Epa! la semilla y sinsemilla. Amante, cambiante, menguante, exuberante; caminante, pensante.

Ideas sueltas. Oraciones al azar. Para Florián, el alrededor era fascinante. Todo el tiempo descubre pequeñeces de lo habitual. Todo es interesante. Como demasiado feliz.
-A ese tipo le gustaba encontrarlo... uno mas loco que el otro no?. En esa época parecía un Sgt. Pepper... tenia el mismo traje... se hacían burla entre ellos... era muy cómico.
-Pará, me perdí, dijo Tomás. De quién estabas hablando ahora?
-Mi abuelo. respondió serio Florián, frunciendo levementente el cejo y apretando las muelas imponiendo respeto. Que loco estaba ese viejo man…
Empezaba a oscurecer. El alumbrado público se encendía tímido.
- La catástrofe, el epígrafe, un café y una tostada con mermelada. Las cosas, los casos, las casas y la caza, el entretenimiento, el entendimiento, el encuadernamiento, el encantamiento y el encadenamiento. Entre seguir en tu estúpida y reprimida mentira o descubrir lo verdadero, lo tangible y lo palpable de este injusto y paranoico mundo de insulsos bastardos en el que ya nadie escucha a nadie, en el que trataron todo el condenado, infinito, voraz y efímero fucking tiempo de enterrarse así mismos, sin dejar una mínima posibilidad de permitirse y permitirte, ser felices. Uno más en este vació sin sentido de héroes y pelmazos, dioses y perdedores. Y acabás por pensar, “yo no quiero eso, Fuck you.
Los cigarrillos comenzaban a mermar.
-La filosofía, la fisiología, las analogías y la psicología; las palabras, las parábolas y las paravalanchas. Un mono, un moño, un momo, el rey momo; los cafetines, los berretines, los zapatines y los patines, alpargatines y calcetines, plantines y lechuguines. O no?
-Claro, dijo Tomás asintiendo con la cabeza. –Claro si, seguro… Aunque, los ojos de Tomás estaban wide open y su cabeza mas que asentir, se movía como si su cuello hubiera sido cambiado por un resorte.
-Pedimos otro café? preguntó Ernesto.
-Mejor lo dejamos para la próxima, dale? Se hizo tarde ya, dijo Mía.

El calor era insoportable esa tarde. El departamento ya había comenzado la fase que Mía llamaba como “el séptimo anillo del infierno.” Estudiar había dejado de ser la primera opción y eso estaba claro. Ese dia no era el dia para sentirse responsable. No te quise despertar, vuelvo en unos ratos. Besos. TOM. Mía que dormía como si se tratase del último día que iba a dormir y no quería olvidarse de cómo se sentía.
-Duerme como si fuera el “judment day del sueño”. Como haces loca? pensaba Tomás mientras la miraba y dejaba la nota en la mesita de luz.