Ya ni sabes cuando empezó todo esto. El cuando es lo que menos importa decía Tomás mientras hacia una profunda seca a su cigarrillo mirando al vacío.
-A veces te quedas un rato con la mirada perdida... mirando la nada, decía Mía.
-No miro la nada, contestaba Tomas sabiendo que su respuesta iba a generar una explicación demasiado larga que no tenia ganas de hacer; miro el vacío, le dijo, esperando que ella no preguntara tiernamente “el vacío?”.
-Yo no lo busqué. Yo no quise que esto pasara así. Quién lo haría? dijo Tomas.
Entonces salieron por un poco de aire, un poco de frío.
-El invierno le hace honor a su nombre. El orgullo de ser una de las cuatro estaciones y como diría el tío loco de un amigo, estaba frío como papo de foca.
¿ Y, Tom... tuviste que hacer esa larga exposición de la teoría del vacío?
Se habían sentado en un banco del boulevard, Florián estudiaba los semáforos. Tomás contaba los departamentos encendidos. Me encuentro ahí desde... Que sé yo cuanto tiempo? Cuando se ponga en verde de nuevo van a ser las 4.16, o lo que es lo mismo, a las 4.16 se pone en verde de nuevo. ¿Por qué me dijo dos veces lo mismo, lo entendí la primera? O lo que es lo mismo, lo entendí la primera.
Yo también lo veo a veces – le dijo Mía mas tarde; - al vacío, yo también miro allá. Me calma...no sé. Entonces no hizo falta que le explicaras nada, le dijo Florián. No, no hizo falta...
4.16, Viste? Verde. Como dije que pasaría.
Rieron. Les hacía falta reírse. - Bueno... vamos, dijo Tomas mientras observaba apagarse la ultima ventana. Prendé un cigarrillo mas y después subimos. Deja vu
.